Fisioterapia y fracturas por estress

Aproximadamente se estima que un 10% de las lesiones que se producen el el deporte corresponden a fracturas por stress; hoy en día, debido a que cada vez hay mayor número de individuos practicando diversos deportes, este porcentaje de lesión parece que está aumentando.

Qué es la fractura por stress?

La fractura por stress es una falta de continuidad en el tejido óseo, una grieta pequeña en el hueso. Éste tipo de fractura no se produce de forma súbita, como una fractura provocada por una caída, sino que es el resultado de microtraumatismos repetidos a lo largo del tiempo o excesiva actividad muscular realizada de manera repetida.

Por lo general, las fracturas por fatiga consisten en varias fisuras o fracturas incompletas en el periostio o superficie externa del hueso estando relacionadas, habitualmente, con un aumento brusco de la intensidad, la frecuencia o la duración de la práctica deportiva.

Causas

Una contusión, golpe o caída no provoca una fractura por stress. Lo más común es el aumento brusco de cantidad, duración o intensidad de una práctica física, uso de calzado inadecuado, cambio de actividad deportiva, de superficie sobre la que se practica la actividad, el tabaquismo, deportes que incluyan saltos o carreras, estado fisico deficiente, insuficiente ingesta de calcio, transtornos menstruales en la mujer, sobrecarga fisica permanente, reciente incorporación a la actividad física, osteoporosis, etc. Además existe un riesgo de mayor probabilidad de ocurrencia en el sexo femenino.

Las actividades con mayor riesgo son saltar y correr, así como los cambios en la forma de las actividades físicas o el tipo de superficie.

Este tipo de fractura se puede presentar a cualquier edad; circunstancia que se ha visto favorecida, dado que en la actualidad ha aumentado el numero de personas de diversas edades que practican actividades deportivas, incluyendo la incorporacion al deporte de la tercera edad.

Síntomas

Al inicio, el dolor de la fractura por estrés se manifiesta al practicar alguna actividad física o simplemente al ponernos de pie, pero desaparece con reposo. Después suele aparecer enrojecimiento, inflamación de la zona, dolor a la palpacion, dolor localizado en el hueso relacionado con el incremento de actividad física. Sin tratamiento, el dolor podría continuar en reposo.

Consecuencias

Aunque un porcentaje alto de las fracturas por stress “cicatriza” espontáneamente, hay otras que si no se sigue una correcta pauta de actuación, pueden provocar fracturas completas o necesitar cirugía.

Localización

Los sitios más comunes donde se producen es en la tibia y peroné, huesos de la pantorrilla, metatarsianos o huesos de la parte media del pie en saltadores y militares, maleolo interno en corredores de larga distancia, en personas mayores cadera y pelvis, costillas inferiores en jugadores de golf y en corredores espondilolisis de L4, L5 y S1.

Consejos preventivos

Para prevenir la fractura por stress se debe incrementar gradualmente la cantidad, duración o intensidad de cualquier actividad deportiva, no excederese en ninguna actividad, correr en superficies blandas, que no sean duras, usar calzado apropiado, consumir alimentos ricos en calcio y vitamina D, no fumar, mantener flexibilidad, fortalecimiento muscular y peso óptimo para la práctica deportiva.

Normalmente la lesión es descubierta antes de la fractura real. El dolor que produce la microfractura hace que la persona disminuya por sí misma la carga de esfuerzos repetitivos; en este sentido, además es muy importante el abandono temporal de la práctica deportiva mientras haya dolor.

Existen tratamientos hoy en día, que dan solución a los dolores y consecuencias provocadas por las fracturas por stress o por fatiga, cuando los tratamientos convencionales fallan. Ejemplo de ello es la bioestimulación mediante láser. En concreto se trata de una forma muy específica de usar la magnetoterapia y la láser-terapia entre otros métodos. El objetivo es trabajar en la zona exacta del periostio oseo dañado por la fractura por stress,  consiguiendo una disminución del dolor y una mejoría significativa en la funcionalidad de la zona a tratar, buscando un equilibrio entre la resistencia osea disminuida, y el aumento de la fuerza y tono muscular. Este es el principio desde el que partimos, para mejorar la calidad de vida del paciente y permitir paulatinamente que la actividad física  no signifique un empeoramiento y sí una mejora.