Fisioterapia y dolor de cadera

La artrosis de cadera o el deterioro del cartílago es relativamente frecuente, aunque no tanto como la artrosis de rodillas o manos. En general es propia de personas mayores, aunque puede aparecer antes de los 50 años, siendo excepcional en jóvenes.

¿Qué es la cadera?

La cadera es la articulación donde se une el hueso del muslo con el de la pelvis; la forman, por una parte la cabeza del fémur, y por otra, una oquedad en el hueso de la pelvis llamada cotilo. Las dos superficies óseas están cubiertas por el cartílago articular. Alrededor de éstos huesos están la membrana sinovial, los ligamentos y una potente musculatura.

¿Cuáles son las causas de dolor crónico de cadera?

Las caderas son muy estables. Cuando están sanas hace falta mucha fuerza para dañarlas. Sin embargo su uso excesivo, algunos deportes como el correr o las caídas pueden producir a lesiones en las caderas, provocando lesiones de músculos, tendones o bolsas (bursas). Nos podemos encontrar con: Tirón en la ingle causado por un cambio brusco de dirección.  Tirón de los tendones de la corva debido a movimiento enérgico repentino. Bursitis por caminar rápido, ejercicio aeróbico, cargar a un bebé en la cadera, tener una pierna más corta que otra. Contusión del muslo. Síndrome piriforme al permanecer largos periodos de pie o sentado. Osteoartritis o artrosis por degeneración del cartílago. Artritis Reumatoide. Artritis traumática. Necrosis avascular…

¿Cuándo hay daño en la cadera, dónde puede doler?

Generalmente, las personas con problemas en la cadera tienen dolor en ingle, cara lateral de cadera y muslo, y  posteriormente puede aparecer dolor en la nalga y también las molestias se refieren a veces a la rodilla del mismo lado, puesto que al igual que la cadera, la articulación de la rodilla está inervada por el nervio obturador.

En éstos pacientes es imprescindible trabajar a la vez la columna vertebral, la cadera y rodilla para calmar el dolor y estabilizar las articulaciones.

¿Los dolores crónicos de cadera tienen que ver con la espalda?

Desgraciadamente sí. El dolor crónico de cadera puede provocar dolor en la parte baja de la columna (dolor lumbar). Cuando la cadera está dañada, otra parte del cuerpo como la columna lumbar, trata de ayudar a la zona lesionada (cadera), pero se corre el riesgo de que si esa tensión muscular es mantenida durante mucho tiempo, ella – la columna lumbar- también se dañe. Entonces nos encontramos con personas que sufren de cadera, sumado a sufrimiento lumbar por lesión muscular secundaria. En estos pacientes es imprescindible tratar a la vez la columna lumbar y la cadera para que el paciente supere la lesión.

¿Cuáles son los síntomas asociados al dolor crónico de cadera?

Por lo general, el dolor en la articulación de la cadera aumenta progresivamente al caminar, al estar de pie, al subir y bajar escaleras, al cargar objetos pesados, dificultad para iniciar la marcha, puede atacar el dolor a la otra cadera, el paciente puede tener dificultad para atarse los cordones de los zapatos y para levantarse de una silla.

Los síntomas iniciales de dolor intermitente y rigidez, van asociados a una pérdida de fuerza muscular, mejorando por lo general en reposo,  que afecta a la calidad de vida del paciente y reduce su vida laboral.

En fases avanzadas de la enfermedad el dolor puede ser persistente y no mejorar ni siquiera en reposo.

El manejo del dolor articular debe tener como meta un control adecuado del dolor que evite sus consecuencias fisiológicas y psicológicas, y permitir al paciente mejorar su calidad de vida.

Existen tratamientos hoy en día que dan solución a los dolores crónicos de cadera cuando los tratamientos convencionales fallan. Ejemplo de ellos es la bio-estimulación mediante láser. En concreto se trataría de una forma muy específica de usar la magnetoterapia y la laser-terapia entre otros métodos. El objetivo de ésta terapia es trabajar la zona articular de lesión y la terminación nerviosa correspondiente, ya que una contractura muscular no corregida y mantenida en el tiempo provoca un daño del nervio. Con ello conseguimos calmar el dolor, frenar el desgaste articular y evitar, en muchos casos, la prótesis quirúrgica, mejorando significativamente la funcionalidad de la articulación. Este es el principio desde el que partimos para mejorar la calidad de vida del paciente y permitir paulatinamente que la actividad física ligera signifique un reforzamiento de la articulación y no una sobrecarga.