Mujer de 64 años de edad entra en consulta cojeando por presencia de dolor en la rodilla izquierda.

La paciente acompaña diagnóstico médico con rotura del cuerno posterior del menisco interno de la rodilla izquierda, acompañado de condromalacia patelar avanzada. Presencia de hidartros.

La paciente está en lista de espera para una operación quirúrgica de la rodilla.

La manifestación del dolor se presentó en una pequeña carrerita para no perder el metro.La paciente escuchó un pequeño chasquido con la presencia inmediata de un fuerte dolor en la parte de atrás o posterior de la rodilla, irradiando el dolor hacia fuera o parte externa de la articulación.

La paciente refiere dolor al caminar, al subir y bajar escaleras, los primeros pasos matutinos no son dolorosos pero a medida que se mueve un poquito empieza el dolor en la parte interna de la rodilla extendiéndose hacia la parte posterior de la articulación. Anteriormente al chasquido, la paciente manifestó bloqueos de forma repetida, así como episodios de fallo articular ( la rodilla se le flexionaba o doblaba de forma involuntaria); también presenta desviación en valgo.

La paciente empieza el tratamiento láser combinado bioestimulante notando una disminución del dolor progresiva a partir de la 2ª sesión, se le corrige la posición de varias actividades cotidianas así como la cadencia de la deambulación o velocidad al caminar. El dolor disminuye progresivamente, aumentado el movimiento articular así como la resistencia  a la hora de hacer actividades, hasta la 7ª sesión donde el dolor desaparece por completo.

Se le recomienda a la paciente hacer una serie de ejercicios, aunque no tenga dolor; no aumentar la velocidad de la marcha y subir y bajar escaleras de una forma correcta, aunque no haya presencia de dolor.

Debido a la desaparición del dolor, a la recuperación del movimiento normal y al incremento del esfuerzo físico sin dolor alguno, ella y el traumatólogo deciden no operar la articulación.